A las mujeres, cada mes la naturaleza nos recuerda que tenemos la posibilidad de convertirnos en madres; y ese es un miedo con el que tenemos que convivir la mayor parte de nuestra vida aun si tenemos una relación sólida con un hombre y formalmente estamos en pareja.
Se sigue afirmando que es la mujer la que se embaraza o que la embarazó un tipo y no es ninguna de las dos; la mujer queda en embarazo por un acto conjunto, mutuo y casi siempre consentido. No obstante, la mayoría de las veces la mujer se queda sola con la preocupación. Y a esto se le suma toda la legislación que permite el aborto y concede libertad a las mujeres para que hagan lo que quieran pero exoneran al hombre de toda responsabilidad y participación en la decisión.
Debería ser un asunto de dos, igual que lo es la concepción, pero la mujer se queda sola después de una o mil noches de placer, una veces porque quiere y otras porque no le queda otra. Sola con la angustia de no saber, sola con el miedo de decirle a su compañero de una noche o de una vida que no le llega la menstruación, sola maquinando qué va a hacer si el tipo no asume su parte, sola si decide abortar.
Hoy que se celebra el Día de la Madre en Argentina, la invitación es a mirar con otros ojos la maternidad y descubrir que nada se compara con la felicidad de concebir y criar un hijo junto al hombre que amas, aun si se marcha, porque nunca estamos realmente solas, al menos las que creemos en un mundo espiritual.

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